El sarcasmo como forma de comunicación tiene muchos adeptos y seguidores. Por ejemplo, lo podemos ver en varias series de televisión. Ahí donde sus protagonistas muestran una mente privilegiada, excepcional y a instantes inspiradora. Esta es capaz de resolver infinidad de enigmas criminales y desafíos médicos. No te despegues de la pantalla para descubrir este tipo de comunicación.

El origen del sarcasmo

A menudo, no falta quien defiende aquello de que las personas sarcásticas son más inteligentes, más ágiles y brillantes en el dominio de las palabras. Sin embargo, esa forma de ingenio a veces se carga de veneno. Es decir, de una artillería de agresiones encubiertas y desprecios sutiles que desconciertan y destruyen autoestimas.

Hemos de tenerlo claro, este tipo de lenguaje mordaz, satírico pero ingenioso es claramente perjudicial para la comunicación efectiva. En ocasiones, no solo hay un claro desprecio. Muchas veces existe una clara incapacidad de establecer un diálogo neutral. Esto quiere decir que hay un intercambio armónico de mensajes donde no se derive en la burla como forma de expresar poder o dominancia.

Por otro lado, hay un aspecto que no conviene descuidar. El sarcasmo es más común entre personas que mantienen una relación de confianza. Nos referimos a los compañeros de trabajo, nuestros familiares o incluso nuestras parejas. Un hecho que intensifica aún más el efecto desgastante y afilado de esta dimensión.

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El peligro intelectual que esconde el sarcasmo

Hay un tipo de bullying para el cual existe una mayor indulgencia, hablamos sin duda del sarcasmo. Ese tipo de agresiones tan comunes como permitidas que se dan ante todo en nuestro mundo adulto. Puede pasar en nuestros entornos laborales y, en especial, en esos espacios privados donde se encierran las dinámicas antes señaladas. Esto hace referencia a las relaciones de pareja, familia e incluso de amistad.

Según el “Ranking Bully Types” del 2010, los matones intelectuales están especializados en la condescendencia. Son perfiles que camuflan sus inseguridades a través de grandes palabras y frases arrogantes. A su vez, disfrutan consiguiendo que los demás se sientan inferiores. Esto lo obtienen bajo la clara creencia de que ellos son más inteligentes, más hábiles y, por supuesto, brillantes.

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La personalidad de una persona con sarcasmo

Lo más negativo de todo ello es que muchas veces glorificamos estos comportamientos o incluso los interpretamos como bromas inocentes. El artesano del sarcasmo rara vez es consciente de su comportamiento ni de sus actos intimidantes.

Estas personalidades suelen camuflar una clara insensibilidad interpersonal o social. Nos encontramos ante un embotamiento emocional donde lo único que se busca a cada instante es imponer su destreza intelectual, su habilidad de palabra e ingenio. Esto es así porque esas son las únicas herramientas de las que dispone el sarcástico para reafirmarse como persona.

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